Agujetas amarradas

Ahora si le haré caso a mi mamá, se los juro, se los prometo, la razón se las voy a contar.

Me llamo Rodrigo y mi historia les contaré, todo comenzó cuando mi mamá en la puerta de la escuela me dejó -- ¡Rodrigo amarra tus agujetas! —ella muy preocupada gritó, yo asistí con la cabeza y corriendo subí las escaleras a mi salón, pero, la directora me detuvo y me dijo:  --¡Rodrigo amarra tus agujetas! — y entonces rodilla al suelo hice un nudo rápido y ciego, me puse de pie y lentamente llegué a mi salón, ahí estaba Adriana la niña que me gusta y con cara de tonto avancé para saludarla, me quedé con las palabras en la boca pues, pisé mis agujetas y me caí, apenado me levanté y me senté en mi lugar sin decir nada.

Al llegar la maestra nos dictó varias palabras y al pasar por mi lugar expresó -- ¡Rodrigo amarra tus agujetas! — y yo solo me agaché para disimular, sin embargo, mi amigo Roberto me habló y ya no me las amarré. Llegó la hora de Educación Física y contento salí con mis compañeros, hicimos calentamiento, también corrimos un poco hasta que el maestro desde la otra esquina de la cancha gritó -- ¡Rodrigo amarra tus agujetas! — y me detuve sin embargo lo mismo que con la directora hice, me amarré un nudo rápido y ciego y seguí corriendo finalmente jugamos un rato a los quemados y regresamos al salón.

La maestra estaba calificando y ya era hora de recreo, almorcé muy rápido para jugar a las atrapadas con Roberto y Pedro, cuando corrí los primeros metros escuché al maestro de 6° decir -- ¡Rodrigo amarra tus agujetas! —hice como que no escuché pues el maestro estaba lejos y seguí corriendo.

De vuelta el salón sucedió algo que no me esperaba, sonó el timbre de manera prolongada, eso solo significaba una cosa, había simulacro y a mí me asustan mucho, todos salimos muy de prisa, casi corriendo, al bajar las escaleras pisé mis agujetas desamarradas y me caí rodando al piso de abajo, todo me dio vueltas, Roberto y Pedro cayeron sobre mí, sentí la cabeza caliente y una fuerte punzada en el brazo izquierdo, mi maestra estaba asustada y una de mis compañeras llorando, la directora subió a mi auxilio, el maestro de Educación Física también y de la sorpresa me desmayé.

Desperté en el hospital, mi papá estaba a mi lado, lo noté preocupado, me preguntó cómo estaba y le contesté que bien, pero la cabeza me dolía y mi brazo izquierdo no lo podía mover estaba fracturado y mi cabeza con siete puntadas.

Me llevé tremendo susto se los juro, se los prometo de verdad, las agujetas me voy a amarrar, me rompí la cabeza y el brazo y de Pedro y Roberto mejor no hablamos, pues, aunque no salieron muy lastimados por salir corriendo los castigaron.

Desde ese día de verdad, se los juro, se los prometo que desde hoy las agujetas me amarro.

  Obed Arizmendi Nah

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